domingo, 14 de enero de 2007

A malas

Ahora mismo me encantaría ponerme a malas, reproches, acusaciones, mensajes. Pero regalarte mi dolor es demasiado.

Adiós

Quien me encontró no era quien debía buscarme, está claro. Por fin, lo asumo, lo escribo. Supongo que nos quisimos tanto que terminamos quemándonos. El problema es que cuando las cenizas se recompusieron no quedó nada de ti allí. Estoy cansado de que me expulsen, de que me rehuyan, de ser tratado como si sentir lo que siento fuera un delito. Me he pasado los días intentando que mi presencia no hiciera daño a nadie, sintiendo que tengo que pedir perdón por lo que hago y no hago, por lo que hacen por mí.

Una vida entera cargando cruces como si pagar por los pecados de los demás fuera a redimirme. Pues muy bien, no me merezco que a quienes cuido y protejo, aunque sea equivocándome, me vuelvan la espalda. Ausencia ha dejado de ser lo que siento para pasar a ser lo que me piden. De acuerdo, un deseo más que concedo. Nunca más. Hasta nunca. Adiós. Si así eres feliz no te pido ni las gracias.

Soy incompatible con tu felicidad. Qué lindo decirle eso a alguien que te quiere, que te ha querido y te querrá. Es precioso que, quién soy ya no exista ni a modo de recuerdo. Me confundes con algo que no soy. Pero yo no pienso seguir peleando para sacarte del error, porque esa que ocupa tu cuerpo me ha demostrado que se puede hacer mucho más daño con algunas verdades que con insultos.

Sólo espero llegar a comprender algún día cómo has podido equivocarte tanto conmigo. Llegar a perdonarte todo lo que tengo que perdonar. Sí, no te sorprendas soy yo el que tiene que perdonar, soy yo el que todo el tiempo tras tu dimisión ha tenido que estar ahí, a la distancia que tú decidieras. Hoy amigo, mañana hasta nunca, conocido, especial, mal recuerdo...siempre presto para acudir a tu llamada, acercándome o alejándome según tú quisieras. Eso no me importaba, se trataba de que tú fueras feliz. Lo que no soporto, es que habiendo actuado así no te molestes por saber cómo me siento. Gracias por hacerme sentir de nuevo que escucharme es demasiado esfuerzo, que el destino de mis palabras es el mismo que el de mis sentimientos: morir ahogados.

Xaq?xaq?

Yo no quiero un amor civilizado,
con recibos y escena del sofá;
yo no quiero que viajes al pasado
y vuelvas del mercado
con ganas de llorar.

Yo no quiero vecínas con pucheros;
yo no quiero sembrar ni compartir;
yo no quiero catorce de febrero
ni cumpleaños feliz.

Yo no quiero cargar con tus maletas;
yo no quiero que elijas mi champú;
yo no quiero mudarme de planeta,
cortarme la coleta,
brindar a tu salud.

Yo no quiero domingos por la tarde;
yo no quiero columpio en el jardin;
lo que yo quiero, corazón cobarde,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.

Yo no quiero juntar para mañana,
no me pidas llegar a fin de mes;
yo no quiero comerme una manzana
dos veces por semana
sin ganas de comer.

Yo no quiero calor de invernadero;
yo no quiero besar tu cicatriz;
yo no quiero París con aguacero
ni Venecia sin tí.

No me esperes a las doce en el juzgado;
no me digas "volvamos a empezar";
yo no quiero ni libre ni ocupado,
ni carne ni pecado,
ni orgullo ni piedad.

Yo no quiero saber por qué lo hiciste;
yo no quiero contigo ni sin ti;
lo que yo quiero, muchacha de ojos tristes,
es que mueras por mí.

Y morirme contigo si te matas
y matarme contigo si te mueres
porque el amor cuando no muere mata
porque amores que matan nunca mueren.
Joaquín Sabina, "Contigo".





Espero no tener nunca, más miedo a perder lo que tengo que a conquistar lo que me falta. Espero no tener que seguir en silencio para no ofender a nadie con mis sueños, con mis deseos. Espero, por fin, seguir siendo la victima de vuestro miedos; pagar con mi soledad el miedo que os produzco cuando hablo. Me encanta ser real, ser yo mismo, no colgarme de nadie porque me da miedo saber que sigo siendo quien fui. Espero ser esa presencia incómoda que os recuerda que la pasión muere y mata, que la FELICIDAD no es un lago ni una sonrisa, no es tranquila n¡ segura, porque amores que matan nunca mueren.

sábado, 6 de enero de 2007

miércoles, 3 de enero de 2007

Soledad III

Tranquila, aprenderé a abrazarme yo mismo.
Tus sueños son mis esperanzas.

martes, 2 de enero de 2007

Pinpilinpauxa

No sé por qué Mafalda me recuerda tanto a ti. Bueno, sí que lo sé, pero es difícl de explicar. Supongo que lo fundamental es ese aire de niña inocente, feliz pero atenta. Tu capacidad de enfrentarte al mundo, de pedirle cuentas, de no sentirte satisfecha con los "bastantes". Me encanta tu necesidad de hacer preguntas (las más de las veces a ti misma), de comprender y de luchar. Lloró cada vez que pienso en todo lo que has tenido que pelear porque nadie te ha regalado nada...y aún así, sigues fiel a ti misma, no empeñas tu manera de ver el mundo. Parece que Quino quería dibujar una niña soñadora, una niña soñadora y luchadora. En mi imaginación ambas os confundís porque desde que te conozco no has dejado de pelear porque las cosas sean cómo deben ser. ¿Y tus sueños? Cualquiera que se cruce contigo se contagia de ellos, de tu forma de afirmar que otro mundo es posible. Si todos fueramos como tú, lo sería.

Pienso en ello y me acuerdo de la viñeta en la que Mafalda da un beso a su padre y él deja sin afeitarse esa parte de su mejilla. Eso supone para mí conocerte, la conciencia de que cualquiera de tus gestos será especial, que debo de estar atento porque perderse algo sería ya demasiado. Me gusta pensar que fuiste tú quien me hizo las preguntas que necesitaba, la que me hizo poner los pies en la tierra y la cabeza en las estrellas. Me he equivocado tanto que creo que te has llegado a sentir incomprendida. No es así, simplemente tu pequeña figura me supera, tardé en comprender, pero hoy por fin lo hago. ¡Cuídate pequeña Mafalda!

lunes, 1 de enero de 2007